La selva digital

Hace poco leí una nota en un diario que planteaba la cuestión de que el uso de Internet, las redes sociales, los teléfonos celulares y el resto de dispositivos electrónicos que nos rodean, no sólo ha cambiado nuestras costumbres sino también la forma de funcionar de nuestro cerebro.

Se refería a la dificultad de concentrarnos a fondo (a full dirían muchos) en la lectura de un texto profundo y extenso, en escuchar una larga sinfonía, o en sostener un pensamiento por un tiempo prolongado. Agrega que estamos pasando de ser cultivadores del conocimiento personal a ser cazadores-recolectores en la selva digital.

A primera vista suena como una hipótesis ingeniosa (basada en obras que el autor de la nota cita expresamente), y a la vez preocupante. Si bien no se puede probar hasta ahora un cambio en las funciones cerebrales, lo cierto es que podemos comprobar su acierto a poco que analicemos nuestras conductas frente a la tecnología.

La posibilidad que nos brinda Internet de conocer en un mismo momento realidades diversas, múltiples puntos de vista sobre cualquier tema que investiguemos, hechos actuales o históricos, y que nos va llevando a cuestiones que no estaban en nuestro foco de atención hasta que aparecen en la pantalla, “generan por su ubicuidad e instantaneidad la ilusión de abolir el espacio y el tiempo” (para decirlo con las palabras usadas en la nota).

Esta nueva realidad tendría por un lado la ventaja (?) de librarnos de la soledad, pero al mismo tiempo genera una sensación de ansiedad que los mismos medios electrónicos se encargan de reconfortar. Pensemos por un momento cuántas veces al día chequeamos nuestro correo electrónico y tendremos una muestra (no gratis) de la idea que quiero transmitir.

Para terminar este planteo hay que decir que no podemos adoptar la postura de negarnos al progreso de las comunicaciones. Mi padre, que ya falleció, decía en los años 80 cuando todavía trabajaba que su límite era el fax, que usaba con destreza, pero que no podía animarse con la computadora. Hoy es fácil darse cuenta que esa actitud ya es impracticable, no podemos quedarnos fuera de esta carrera.

Sin embargo, sería importante que podamos mantener un equilibrio entre lo “nuevo” y lo “clásico”. Porqué no seguir intentando encontrar (o recuperar) el placer que puede aportarnos la lectura de textos profundos, o al menos de narrativas bien escritas por autores que generaron tanta fantasía, entretenimiento y enseñanzas en varias generaciones. Después de todo, nada nos impide que mientras disfrutamos de un libro “de papel”, de a ratos miremos si ya llegó ese mail o ese mensaje de texto que estábamos esperando.

Ricardo Sáenz

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2 Comentarios

  • Es muy cierto lo que decís en esta nota… Me pasa con mis alumnos, ya no registran qué es una biblioteca, no pueden ni siquiera buscar algo en un libro, les cuesta muchísimo… Si con son sólo apretar un botón, ya tienen la información que necesitan, me dicen y tienen razón…
    Y gracias por el recuerdo del Tío Oscar, lo quise mucho…
    Besos ANDREA

  • 21 de julio 2010

    Todo cambio trae aparejado ventajas y desventajas, y todo cambio genera resistencias y temores.
    La revolución de nuestro tiempo, el cambio de era historico que vivimos, se da en la información y las comunicaciones, particularmente internet. Hay incluso un cambio en el lenguaje y ello conlleva un cambio en la manera de pensar. Este no es un cambio gradual y placido, este es un torrente, un aluvión que trae, como todo aluvión, agua limpia y basura. En contrar la forma de rescatar y aprovechar lo bueno y evitar lo malo es la tarea.

    Aprovecho el espacio para preguntar si conocen la nueva ley dictada en Chile que plantea la “neutralidad” en la web y que opinión les merece.
    Saludos Raúl

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